'...A veces nos vemos fuera de control,
como arrancados de un espejo roto.
¿Qué nos queda para entender en esos momentos?
¿A qué nos podemos aferrar?
La negación de nuestras infantiles prioridades,
creer que nosotros estemos fuera de este juego...'
Este es un pequeño fragmento de un poema que escribí pensando en lo que ahora pretendo expresar. Fíjate, en este instante, en todo lo que te rodea. Una cartera, quizá, que te lleve a pensar en los documentos que ahí llevas y su función, las llaves de tu casa o tal vez de tu habitación. La ropa (¡si, también te rodea!), '¿Qué le pasa a mi ropa?', que te viste y te guarda del frío. También cuentas con cosas que no son objetos, pero que siguen estando ahí, por ejemplo ese malestar de la espalda o la cita de trabajo que tienes dentro de un par de horas... Y toda esta sucesión es cuasiinfinita. Es absolutamente la totalidad de lo que nos rodea, que nos provoca impresión tras impresión en un círculo cerrado del que apenas puede uno escapar.
»Quiero compartir contigo, durante unos instantes, la arrolladora sensación que me provoca este hecho, el de las mil cositas, que agolpadas la una tras la otra, constantemente, 'rescatan' a nuestra mente de caer en la obviedad de que nada de eso es nuestro intrínsecamente. Como, con una aptitud terapéutica*, hacen de lo válido estéril y yermo terreno de barbecho, | esperando día tras día, año tras año, a que cultives en su durísima tierra, llena de piedras y barrida por un viento azotador, pero de frutos fuertes y duraderos. Observa que tengo que recurrir a la repugnancia para referirme a todo ello por ser incapaz de tener una relación sana con mi entorno, porque soy incapaz de encontrar un equilibrio entre lo que pienso que es importante y lo que no lo es;
Sería maravilloso tener esa madurez que me regalara la posibilidad de vivir conectado al mundo, disfrutando de él y lo que me ofrece, y a su vez estar también conectado conmigo mismo, tener presente de manera permanente lo que soy y lo que pienso de manera valedera. Pero tengo que recurrir a la repugnancia. ¿Tienes tú que recurrir a la repugnancia cuando por despiste caes en lo importante? »Y con esto quiero decir: Ahora que intuyes lo que realmente te provoca indecisión, inseguridad, ¿pretendes hacer que vivir por ello es un absurdo romántico? Te pregunto, ¿pretendes resguardarte de la tormenta bajo el cómodo, comodísimo techo de la opinión colectiva?
Pero la pregunta que de verdad nos golpea es: ¿De qué nos sirven todas estas inevitabilidades? Te mantienen en el mundo, sí. Físicamente. ¿Para qué vivimos si meramente vivimos? Ahora, ¿estás pensando en tus hijos, o en las personas sobre las que tienes influencia? ¿Son esas personas las que hacen que sigas viviendo, a pesar que aunque sólo -¡tan sólo!- sea en este aspecto no hagas nada por que ellas no vivan meramente? ¿Entiendes lo que te digo cuando afirmo que estamos de paso por este mundo, | que seguiremos estando de paso mientras no nos sacrifiquemos por -por, no para- nosotros mismos? Ahora, ¿imaginas morir sin haber realizado ni un sólo esfuerzo real, morir tibio y sin peso ni para ti ni para nadie?;
Una casa, un automóvil, una asignación, una responsabilidad. Un 'mantenerte en este mundo manteniéndote en este mundo'. Yo no puedo atreverme a afirmar: '¡Eh, esa actitud tuya, te sobra!'. Pero sí puedo aseverar 'Esta actitud me sobra, me estorba'.
*¡Lo trataremos, no se preocupe! Con este programa ocupacional olvidará su depresión... ¡Por todos los dioses! ¿No te provoca arcadas?